Nirvana. Híbrida. Mulata.
No podía pensar claro. ¿Qué ha pasado? Abro los ojos. No veo. No veo nada.
Todo está borroso. ¿Dónde estoy? La angustia se iba apoderando de mi cuerpo
empezando por mis pies. ¿Podía mover mis pies? Sí. Moví los dedos de los pies,
los estiré casi como lo hacen los gatos; o como si estuviese en la playa
disfrutando de la calidez del sol y del sonido de las gaviotas sobrevolando el
momento, el instante.
Solo que no estaba allí. ¿Dónde estaba? Todo era confuso y raro a mi
alrededor. ¿Cuántos años tenía? ¿Diez? ¿Veinte? No. Sí. Otra vez esa angustia
vital de no saber de dónde vengo ni quién soy.
De repente, se escucha a alguien
susurrar. ¿Es realmente alguien? Quizás haya
sido el crujir de las hojas de...
Un momento, pero... ¿Dónde estoy?
Me llevo las manos a los ojos; los
froto, trato de despejar la duda y la niebla. Ahora mucho mejor. Noto la
dureza de un colchón bajo mi espalda y la suavidad de unas sábanas.
Parecen de franela y huelen a jazmín.
En aquel momento sentí
que formaba parte de aquel todo níveo, excepto… excepto por mi piel. ¿De qué color es mi piel? Qué oscura. Con una mano toco mi piel color tierra mojada. ¿Esto está pasando? ¿Acaso soy
real? Una sensación de suave despertar inunda mis ojos. Empiezo a llorar. ¿Pero
qué hago llorando?
Aparece una mujer. Su piel también es oscura, incluso más que la mía. Me
siento pequeña, soy pequeña a su lado, muy pequeña. Sus manos también son suaves. Me coge tiernamente en
sus brazos y paro de llorar. Creo que la quiero. Qué irracional. Qué confuso. Hace
menos de un cuarto de hora no sabía ni dónde estaba y ahora parece que he
encontrado mi lugar en el mundo.
Y aparece él: qué blanco, casi tanto como aquel cubículo en el que estábamos.
Sí, era un cubículo, un cubo perfecto, perfectamente blanco. Y él. Qué ojos más
verdes; qué paz. Me recuerda a aquellas plantaciones de té de... Espera. ¿De
dónde?
Y hace calor, un calor insoportable. ¿Dónde estaré?
***
Así comenzaba mi nueva vida en aquel diminuto cuerpo. Era 12 de agosto de 1997 en Nigeria y aunque sólo tuviera 45 días, eran 21 años los que habían pasado desde que nací.
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