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Mostrando entradas de 2020

Le regarde belge

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Si un buen día alguien, en algún remoto y descabellado futuro en el que tú no estuvieses, me preguntase de qué color son tus ojos, no sabría qué decirle. No es una cuestión de marrón, azul o verde; no es que no reconozca el color del que se tiñen tus pupilas, ni los matices del que las diversas y rotondas posturas del sol las connotan. No puedo decir que sean simple y llanamente azules. Incluso ahora que no los tengo delante para mirarlos y observar cómo tu pupila se clava en la mía sé que nunca han sido sólo azules. Cuando nos conocimos a mediados de aquel frío febrero en el norte de Italia, tus ojos eran grises y borrosos. Encerraban el reflejo de unas nubes que nunca se marchaban. El cielo encapotado y triste, llorón, simplón, se habría comido el color de tus ojos, como cuando mezclas sin querer la ropa en la lavadora y ves cómo un maldito calcetín negro estropea tus blusas blancas inmaculadas. Sin embargo, el primaveral y caluroso mes de abril habría hecho que aquel monót...

El autor del jardín - Parte II

Parte II Hacía tan solo seis meses que me había mudado a aquella casa: un adosado de tres pisos en el que se repartían cuatro habitaciones. La primera por orden de altura era la de mi  colloc  Amélie que llevaba un mes más que yo viviendo en la que bautizamos como la casa de Stockel. Acababa de diplomarse en comunicación en inglés y en español, y andaba en busca y captura de su primera experiencia laboral. Los meses anteriores habían sido muy duros para ella: encontrar un trabajo que se correspondiese con su perfil profesional era difícil dada la poca experiencia laboral que había tenido hasta entonces. La crisis sanitaria que comenzó a principios de año no mejoró su situación. Sin embargo, mantenía siempre ese talante positivo que la caracterizaba. Cada mañana se despertaba y daba clases por videoconferencia a niños que, al igual que nuestros compañeros de piso, se habían quedado sin clases y se encontraban ahora en casa encerrados «telestudiando» para poder finalizar el...

El autor del jardín - Parte I

Parte I Aquella mañana de abril de 2020 aún seguíamos en cuarentena. Hacía exactamente un mes que habían saltado todas las alarmas a nivel mundial y que Bélgica declaraba el confinamiento en el país hasta próximo aviso. Todo había ido demasiado deprisa: la propagación del virus, la prensa, la histeria colectiva (¿por qué todo el mundo compraba toneladas de papel higiénico?), el paro temporal de todas las actividades no esenciales, los aplausos todos los días a las 20:00… Cualquiera hubiera dicho que aquello no era la vida real, que estábamos viviendo a escala mundial una especie de novela distópica de George Orwell en la que miles de personas morían al compás de lo que los expertos llamaron coronavirus. Por aquel entonces, yo vivía en una pequeña comuna fina y alargada al oeste de Bruselas llamada Kraainem, al lado de una simpática placita en la que vendían algunos de los mejores helados de la ciudad y, por supuesto,  des   frites .  Aquel 18 de abril no sali...