No podía pensar claro. ¿Qué ha pasado? Abro los ojos. No veo. No veo nada. Todo está borroso. ¿Dónde estoy? La angustia se iba apoderando de mi cuerpo empezando por mis pies. ¿Podía mover mis pies? Sí. Moví los dedos de los pies, los estiré casi como lo hacen los gatos; o como si estuviese en la playa disfrutando de la calidez del sol y del sonido de las gaviotas sobrevolando el momento, el instante. Solo que no estaba allí. ¿Dónde estaba? Todo era confuso y raro a mi alrededor. ¿Cuántos años tenía? ¿Diez? ¿Veinte? No. Sí. Otra vez esa angustia vital de no saber de dónde vengo ni quién soy. De repente, se escucha a alguien susurrar. ¿Es realmente alguien? Quizás haya sido el crujir de las hojas de... Un momento, pero... ¿Dónde estoy? Me llevo las manos a los ojos; los froto, trato de despejar la duda y la niebla. Ahora mucho mejor. Noto la dureza de un colchón bajo mi espalda y la suavidad de unas sábanas. Parecen de franela y huelen a jazm...
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